Las palabras ver y observar son constantemente usadas como sinónimos en el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Sin embargo, sabiendo que guardan consonancia debido a que implica centrar la vista en algún punto, hay que aclarar que como proceso cognitivo no tienen relación total. La primera solo significa visualizar; la segunda nos habla del proceso de centrar la vista en algo, mientras se analiza el contexto y lo que implica. En el fútbol siempre se llega al lugar común de que determinado jugador “es tan inteligente que ya sabía a dónde pasarla antes de que le llegara”. Ese proceso no sucede por inercia. Jugadores como Carlos Rodríguez así lo demuestran.

Surgido en las fuerzas básicas regiomontanas y con experiencia en el fútbol español, “Charly” está cuajando de manera excepcional en el doble pivote de Diego Alonso, junto a Jonathan González o Celso Ortiz. Se fue muy joven a España, donde fue utilizado en roles más ofensivos. De vuelta, ha asumido su rol dentro de Rayados de Monterrey como un jugador de muchos partidos en la Liga MX, al punto de enfrentar a varias referencias posicionales de su liga y hacerlos ver a su nivel o incluso por debajo.

¿QUIÉN “CHARLY” SIN PELOTA?

Sin pelota, Rodríguez es tan dúctil como con la misma. El trabajo que hace al adelantar su posición e impedir la fluidez del juego por bajo rival es excepcional. Motivado a los largos recorridos en cancha, es vital rodearlo de un volante más a sus espaldas, mientras adelanta metros e impide que el rival salga con comodidad del fondo u obligando a salir en largo.

Cuando el rival logra superar líneas de presión, es un gran componente en la presión media. Además de ser muy complicado de vencer en el 1 contra 1. Es un futbolista de tren inferior muy fuerte en el choque, algo que compensa sus debilidades por alto.

¿QUIÉN ES “CHARLY” CON PELOTA?

No es un volante central escudero; ese rol se lo deja a los dos antes mencionados. El rol del dorsal 29 es fundamental en la generación del juego interior y el aprovechamiento de espacios entre líneas, como también a espalda de los defensores. El propio González ha crecido retrasando su juego para jugar entre los centrales y permitir que Rodríguez sea el encargado de dirigir el ataque rayado.

Con tiempo y espacio para pensar, es muy peligroso. Así como adelanta para buscar entre líneas, también es capaz de ser él quien dé el pase. Su gran pase en profundidad también de complementa con exactitud para el golpeo en largo, sobre todo cruzado. Por ambas razones, es un futbolista que se puede adaptar a diferentes ideas. Contra equipos de bloque bajo, es apreciable ese pase al hueco. En el contragolpe aporta en conducción, pero también en el cambio de sector por alto.

Como cualquier jugador, sobre todo joven, tiene aspectos por mejorar. Debido a su tamaño, sufre en defensa del juego directo. Al ser un jugador de recorridos tan largos sobre el terreno, se le dificulta el retroceso cuando su equipo pierde la pelota. Son ítems a mejorar, teniendo en cuenta la posición o la zona del campo donde se desenvuelve. Además de saber adónde pasarla antes de recibirla, también tiene un don especial para saber dónde posicionarse para ser él quien reciba. Pulga al aire para quienes le recomendaron ir a España.

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